domingo, 16 de junio de 2013
Maquillar las piernas - lucir un bonito acabado ......y unas piernas maravillosas
Bueno ya colgamos los pantalones y lucimos unas hermosa piernas . pero no blanquitas............
existen en el mercado cantidad de maquilllajes ,para
ello............tambien tenemos los maquillajes ...........
Arriba las manos!
Y arriba una pierna, y luego otra. Y levanta el trasero…
¿Os habéis hecho alguna vez una sesión de pistola autobronceadora?
La humillación es supina.
La situación es la siguiente:
Entras en un cuartito desnud@. o en el mejor (¿o peor?) de los casos con un tanga de papel abombado (pero deja marca blanca en el bronceado); te pones contra una pared, y entra una chica, pistola en mano para darte órdenes. “De frente, con los brazos en cruz”, dice. Te colocas en esa ridícula postura y… empieza la “indignidad”. Se pone a dispararte el producto bronceador por todos los rincones del cuerpo. “De lado, baja los brazos; del otro lado, abre las piernas; de espaldas, con el culo en pompa (por aquello de que no quede línea blanca si se tiene un poco caído…); de frente, levanta la cara (las arrugas del cuello y la papada, ya sabéis)…Y cuando crees que ya has pasado suficiente vergüenza… ¡a repetir el proceso! Pero ahí no acaba todo. El momento más mortificante, si cabe, llega cuando la esteticienne se pone a secarte todo el cuerpo… con un secador de mano!!
Dicho esto, soy una “adicta” confesa al “moreno” sin sol. He probado todos los sistemas (en ducha pulverizadora, con masaje, con toallitas…) y la pistola, a pesar de lo descrito, es mi favorita.
Pero no en todos los centros “disparan” igual de bien. Mas de una vez, al día siguiente de la sesión, me he visto con la planta de los pies color chocolate (porque iba pisando el producto que caía al suelo de la pulverización mientras hacia esos bonitos movimientos), con “roña” entre los dedos de las manos (por no abrirlas bien) o con ronchones en la espalda (por no haberme exfoliado previamente).
Afortunadamente, Elena Comes, la directora de Le Petit Salon es igual de aficionada (y perfeccionista) que yo a estos “disparos”, y no ha parado hasta dar con la receta del “autobronceado perfecto”.
“He probado muchos tratamientos autobronceadores en cabina –me cuenta -pero siempre había algo que no terminaba de convencerme: una cierta tonalidad naranja, un tono poco natural o alguna zona que quedaba más intensa que otra… Reconozco que soy muy “maniática” con el bronceado y por eso no he parado hasta conseguir uno capaz de satisfacer mi grado de exigencia (que es mucho). Lo hemos llamado Costa Azul porque buscábamos ese efecto sutil, tan favorecedor y elegante propio de las “habituées” de Cannes, Niza, St. Tropez…: un dorado como de ligero “baño de sol”, absolutamente alejado de esos morenos muy subidos, tan demodé como poco “classy”. El tratamiento Costa Azul de LE PETIT SALON es todo lo contrario; un protocolo del que me siento muy orgullosa, sobre todo porque quien lo prueba, ¡repite!”.
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